Alojamiento económico en Ibiza

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Cada verano legiones de visitantes llegan a Ibiza en busca de sol, playa y diversión. Decenas de compañías vuelan a la isla blanca desde numerosos puntos de Europa y muchos cruceros por el Mediterráneo occidental incluyen una escala en su puerto. No cabe duda pues que éste es uno de los grandes destinos de viaje de España y del Mundo.

Pero claro, con tanta demanda y las lógicas limitaciones geográficas derivadas del hecho insular, no siempre el que planea viajar a Ibiza logra encontrar fácilmente alojamiento económico. El reclamo de la Ibiza blanca, paraíso natural y tierra de libertad, con sus luminosos días, sus prodigiosas puestas de sol y sus noches interminables, es tan poderoso que atrae a más gente de la que puede llegar a acoger. Todo le mundo quiere viajar a Ibiza en verano.

Sin embargo, no es misión imposible conseguir alojamiento en Ibiza a buen precio, incluso el pleno verano. La clave del éxito es saber dónde buscar, hacerlo con suficiente antelación y tener cierta flexibilidad en cuanto a fechas. La variedad de hostales y hoteles en Ibiza es enorme, y va desde encantadores hoteles rurales y pequeñas pensiones hasta grandes complejos turísticos y establecimientos de gran lujo junto a la costa.

El hecho de alojarse en un tipo de hotel o en otro tiene en Ibiza una importancia relativa, ya que el ambiente y la esencia de la isla radica en buena parte en la mezcla. En las calles de los pueblos, en las terrazas junto al mar, en las discotecas, en los mercadillos hippies e incluso en las más recónditas calas es habitual que se produzca una fusión entre gentes de la más variada clase. Así fue desde el principio de la historia y así lo sigue siendo hoy. Es algo intangible, la propia magia de la isla, la que nos empuja a ello casi sin que nos demos cuenta.

Divertida y espectacular en verano, recogida y delicada en invierno, viajar a Ibiza en cualquier época del año es una experiencia fantástica. Sin duda, y por muchas razones, un destino diferente al resto del Mediterráneo. Para comprobarlo tendrás que venir aquí.
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Apuntes de gastronomía ibicenca

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En la gastronomía de Ibiza está presentes los fundamentos de la mejor tradición del Mediterráneo con todos sus ingredientes saludables (aceite de oliva, el mejor pescado, sal marina, hierbas aromáticas, frutos secos y productos de la huerta) a los que se añade un toque particular propio de la isla, heredado de las antiguas influencias fenicias y árabes.

Y es que para conocer bien un lugar y sumergirse en su verdadera esencia, la mesa y el mantel son las herramientas perfectas. En el caso de Ibiza, bastará con buscar algún restaurante tradicional y regalarnos el paladar con algunos platos típicos. 

Obviamente, el pescado es uno de los grandes protagonistas. El Guisat de Peix o la Burrida de Ratjada, sin olvidarnos del marisco, son algunos de los platos más demandados. También son muy populares los arroces, sobre todo el Arròs de Matances, enriquecido con los productos derivados de la matanza del cerdo, y el Arròs a la Bruta, pariente del Arròs Brut mallorquín, con carne y setas, típico del invierno.

Capítulo aparte merecen los Macarrons de Sant Joan, que se cuecen con limón y canela y se sirven fríos con azúcar espolvoreado por encima. Un curioso plato que se come siempre por Sant Joan, el 24 de junio.

Si hablamos de carne destaca el delicioso Sofrit Pagès elaborado con carne de pollo, cerdo y cordero, butifarrons y patatas, además de los embutidos baleares típicos entre los que la reina es la sobrassada.

Vamos a los postres. Lo más típico y famoso es el Flaó, un curioso pastel de queso con hierbas que algunos detestan y muchos adoran. También se come Greixonera, postre común con las islas hermanas, un pastel compacto hecho con leche y ensaimadas, y Orelletes (orejitas), una masa frita de huevo, harina, azúcar y anís.

Y después del café, un digestivo. En Ibiza hay dos: las Hierbas Ibicencas, muy diferentes a las de Mallorca, y la Frigola, un licor de tomillo que también se destila en formentera. Se sirven con o sin hielo, al gusto. La mejor forma de culminar un soberbio banquete a la ibicenca.
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Almendros en flor en Mallorca

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Entre enero y febrero la isla de Mallorca se cubre de un manto blanco. No, no se trata de nieve (aunque esta también llega fiel a su cita en las cumbres de la Serra de Tramuntana) sino de los colores blanco y rosado de los almendros en flor, que ofrecen una de las estampas invernales más bellas de la isla.

La mejor manera de disfrutar de este espectáculo es perderse por las carreteras de las comarcas del Pla y del Raiguer, teniendo como aliado el fantástico clima del suave invierno mallorquín. Para ello necesitaremos un medio de transporte: hay quien prefiere la bicicleta, combinando turismo y deporte, y quien en cambio opta por la comodidad de un automóvil, dado que es relativamente sencillo encontrar un alquiler de coches baratos en Mallorca.

La belleza de los almendros en flor atrae a un perfil muy concreto de visitantes a la isla: amantes de la naturaleza, aquellos que buscan el encanto rural de Mallorca, los que huyen del turismo de masas, quienes desean hacer un viaje romántico... Las agencias de viaje alemanas exponen en sus vitrinas las ofertas de  Mallorca Mandelblütte que seducen a tantos viajeros de ese país.

Por eso es éste un buen pretexto para viajar a Mallorca en invierno, alojarse en un pequeño agroturismo o un hotel de interior, lanzarse a recorrer sus caminos entre cultivos, bosques y montañas, detenerse para conseguir las más hermosas fotografías y, por qué no, regalarse el paladar con las especialidades gastronómicas mallorquinas propias de esta época del año.

En nuestra ruta a través de los floridos campos de almendros no faltarán las paradas en los típicos mercados tradicionales del centro de la isla, más recogidos y auténticos que durante el verano. Hay muchos y muy interesantes, aunque si hubiera que recomendar uno, nosotros nos decantamos por el de Sineu, en el mismo centro geográfico de la isla. Su mercado de los miércoles se llena de un ambiente muy especial entre animales de granja, productos del campo, delicias culinarias y artesanía. ¡Y un excelente vino que podremos probar en sus cellers!
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Rutas de invierno para disfrutar de Menorca

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Sin duda la isla del archipiélago balear que mejor ha resistido los embates del turismo de masas, y por tanto ha conservado casi intactos tanto su entorno natural como el núcleo de sus tradiciones y modos de vida, es Menorca.

Por eso no tiene demasiada importancia qué época del año elijamos para viajar al más oriental de los territorios de nuestro país. Lógicamente el verano nos brindará la oportunidad de disfrutar del sol y nadar en las siempre limpias aguas de sus hermosas playas y calas, pero el encanto de la isla será el mismo que si lo hacemos en los meses de invierno.

Es más: para mucha gente es precisamente éste el momento idóneo para explorar los tesoros ocultos de la isla, libres de turistas, en su estado original. Hay quien para ello elige la bicicleta, e incluso el caballo, utilizando el viejo camino costero hoy rehabilitado, aunque lo mejor es buscar un alquiler de coches baratos en Menorca, ya que el transporte público nos resultará insuficiente. Sin duda la forma más práctica de llegar a todos los puntos de interés.

Además de las carreteras asfaltadas, en Menorca hay numerosos caminos y pista de tierra que conducen a calas escondidas, yacimientos arqueológicos y parajes costeros o de interior. En muchos de ellos encontraremos barreras que nos obligarán a bajarnos del vehículo para seguir nuestra ruta. No hay nada ilegal en hacer esto, las  barreras están ahí para que no se escapen las vacas o las cabras de los payeses. Si no quieren dejarnos pasar nos lo advertirán con otras formas más explícitas. Eso sí, una vez franqueado el paso hay que volver a dejar la barrera cerrada.

Llegar al pie de los cinco faros que guardan las costas menorquinas, improvisar un picnic sobre las arenas desiertas de alguna playa, sobrecogernos en el silencio de las piedras milenarias de las taulas y las navetas, probar el queso de las granjas del interior... Las formas de disfrutar del invierno en Menorca son variadas y fascinantes. Un sorprendente descubrimiento para el viajero. 
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