Fiestas de Sant Joan en Menorca

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Música, caballos, fiesta callejera y diversión. Son las fiestas de Sant Joan, que cada 24 de junio convierten a Ciutadella en la capital de Menorca y del resto de las islas Baleares. El momento más importante del año para esta bella localidad del oeste de la isla que se prepara para celebrar la Nit de Sant Joan, el solsticio de verano que desde la noche de los tiempos se celebra en todo el arco del Mediterráneo.

Sant Joan es una fiesta popular de origen desconocido, lo cual la rodea de un misterio que la hace todavía más atractiva. Los hermosos caballos menorquines son los grandes protagonistas y, en menor medida, sus jinetes, los caixers, que lucen elegantes vestimentas blacas y negras heredadas de la etapa de dominación británica de la isla.

Todo se inicia la víspera de la fiesta, cuando se forma la cabalgata (qualcada). Es tradición que el caixer más joven recoja la bandera roja con la cruz de Sant Joan en la casa del más veterano, para dirigirse después al galope hacia la plaza del Born, donde la multitud le espera, dejándole un estrecho pasillo entre la multitud para que haga su entrada triunfal. La fiesta continúa con el himno de Sant Joan y la juerga callejera, donde corre en abundancia la pomada bien fría (la ginebra menorquina con limonada), se prolonga toda la noche.

El día 24 a primera hora, cuando muchos todavía no se han ido a dormir y vagan por las calles de Ciutadella, tiene lugar el Toc de Fabiol (el toque de la flauta), que señala el punto de inicio de otra arraigada tradición de estas fiestas: es el turno de l´homo des Be, el hombre descalzo que durante todo este día cargará a sus hombros un cordero, recorriendo las calles y las casas importantes de Ciutadella acompañado de los seis caixers principales y la música de flautas y tambores.

Caballo y jinetes no dejan de realizar juegos y competiciones de habilidad en las calles, siempre abarrotadas de gente. Se celebran con especial júbilo los caragols, piruetas de los caballos que consisten en girar sobre sí mismos como si fueran peonzas. Cuando acaba el día se escucha de nuevo el otro Toc de Fabiol, más grave y menos festivo que el anterior, que despide las fiestas hasta el año siguiente. Como ocurre en Pamplona al final de los Sanfermines, algunos vecinos no pueden evitar derramar una lágrima y guardan sus pañuelos rojos y sus banderas de Sant Joan en el armario hasta el año que viene.

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