La naturaleza espectacular del Cabo Formentor

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Desde el puerto de Pollença parte la carretera que nos lleva a través de los acantilados más escarpados de Mallorca rumbo a la península de Formentor, un paraíso natural azotado por el viento donde todavía se encuentran algunas joyas de aguas color turquesa rodeadas de pinares.

El destino final de esta famosa excursión no es otra que el extremo más septentrional de Mallorca, la punta del cabo Formentor en la que se levanta sobre un poderosa acantilado el espectacular faro construido entre 1860 y 1863 después de algunos desgraciados naufragios en el canal de Menorca. Edificar este faro sobre un formidable acantilado requirió obviamente transportar hasta tan difícil lugar los materiales necesarios. Estos materiales fueron llevados allí por un tortuoso camino de montaña a lomos de sufridas mulas.

La carretera que conecta el puerto con el faro fue construida en los años 50 tras una labor de ingeniería realmente digna de valorar, teniendo que salvar grandes dificultades del terreno y con escasos medios. Dos miradores son parada obligada para cuantos visitan la península de Formentor: Albercuix y Sa Creueta.

El mirador de Albercuix marca el final de la primera etapa, el ascenso desde la bahía de Pollença. Desde la vieja atalaya, hoy en ruinas, se contempla la bahía entera y se divisa incluso la ciudad y la bahía de Alcudia, hacia el sureste.

Unos kilómetros más adelante encontramos una gran explanada a mitad de camino hacia el faro donde se puede aparcar sin problemas y acceder al mirador de sa Creueta, el punto más alto de esta parte de la isla. Desde él veremos el faro a lo lejos y el islote de Colomer, que componen juntos una de las postales típicas de la isla. Los días despejados se puede ver incluso la fina franja gris y azulada en el horizonte de la isla de Menorca.

Unas cuantas curvas más, cortados, pinos deformados por el viento, olivos que nacen entre los riscos, el mar y su azul intenso como escenario de fondo y por fin llegamos al faro, que se yergue solitario en mitad de un paisaje desolado. Sus 56 metros de altura sobre un acantilado de 200 metros sobre el Mediterráneo no dejan indiferente a nadie. Es el reino del azul del mar y del viento, donde respirar hondo para llenarnos los pulmones del aire más puro de las Baleares.

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