La Mola, rincón mágico en Formentera

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Cuando uno pisa Formentera, incluso en pleno verano cuando la isla se llena de ruidosos turistas italianos, comprende de inmediato que se encuentra en un lugar único y especial. Basta alejarse un poco del bullicio para encontrar un rincón de paz y un encuentro directo con el Mediterráneo más cautivador y auténtico.

Uno de esos lugares especiales que podemos visitar en la menor de las Pitiusas es La Mola, un promontorio que se eleva 192 metros sobre el nivel del mar al sureste de la isla. sobre un impresionante acantilado se yergue aquí el majestuoso faro, que incluso Julio Verne mencionó en algunas de sus obras.

La carretera serpentea entre pinares hasta llegar arriba del todo. Conviene antes detenerse en el camino y echar la vista atrás, para contemplar una de las mejores vistas que puede uno obtener en las Baleares. Se trata de la larga lengua de tierra de la parte más estrecha de Formentera, flanqueada por dos versiones distintas del Mediterráneo: a nuestar derecha (norte), un mar tranquilo y claro; a la izquierda (sur) un mar embravecido y salpicado de olas.

En lo alto de La Mola se ubica la parroquia de Nuestra Señora del Pilar y su blanca iglesia. En este lugar, el pequeño pueblo llamado Pilar de la Mola, se celebra un conocido mercadillo muy visitado en verano que tiene lugar todos los miércoles y domingos, desde junio a octubre, a partir de las 16:00 h y hasta las 21:00 h. Una muestra artesanal amenizada con frecuencia con actuaciones musicales en directo.

También aquí se encuentran algunas tascas de pescadores donde se sirve el tradicional guisat de peix ibicenco y un sabroso licor de higos que se destila en la isla. Así que no es mala idea quedarse a cenar y aprovechar para asomarse al acantilado el faro para disfrutar del momento mágico de la puesta de sol en un lugar tan fantástico como éste.

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