Playas de Formentera, un baño en el Paraíso

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Parece mentira que una isla tan pequeña como Formentera, la menor de las Pitiusas, posea un número tan elevado de playas vírgenes. Sin duda es lo más parecido al Caribe que podemos encontrar en nuestro país, con la ventaja de que se encuentra más cerca y que cuenta con el encanto adicional de las tradiciones, modos de vida y gastronomía del Mediterráneo.

Es cierto que en los meses de julio y agosto la isla está abarrotada de turistas, sobre todo italianos, pero las playas son tan largas y amplias que es difícil verlas llenas. Eso sí, todas tienen una serie de elementos comunes que las hacen únicas: finísima arena blanca, aguas transparentes y una sensación de libertad muy especial.

Al sur se encuentra la Platja de Migjorn, una gran media luna de varios kilómetros donde las olas son siempre juguetonas y se encuentran algunos de los mejores beach clubs de la isla; en el lado norte, separada apenas por una estrecha franja de tierra, la Platja de Tramuntana, con aguas mucho más tranquilas.

Hay también pequeñas y hermosas calas vírgenes, joyas ideales para disfrutar con tranquilidad como Cala Saona, en el camino hacia el Cap de Berberia, Es Caló des Mort o la Platja de Es Pujols.

Pero la más famosa playa de Formentera es la de Ses Illetes, un paisaje pintado por el blanco dorado de la orilla y los dos azules del mar y el cielo, una prodigiosa lengua de arena al norte del Port de La Savina que se estira hacia el norte, mirando a Ibiza, hasta convertirse en una punta arenosa en forma de lanza llamada Es Trucadors. Desde allí se puede llegar a nado al islote de s´Espalmador y sus barros curativos.

Lo mejor: con las cortas distancias de la isla, en bicicleta o en scooter podemos visitarlas todas en un par de días, aunque seguramente querremos quedarnos allí para siempre.  

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