Excursión a la Dragonera

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En el extremo más occidental de Mallorca, se levanta la poderosa silueta de la Isla Dragonera, el último coletazo de las cumbres de la Serra de Tramuntana. Se trata de un espacio natural protegido que se salvó en los años 70 de un proyecto urbanístico que habría cubierto la isla de cemento y hormigón.

Mucho mejor así, porque hoy es una verdadera delicia para los amantes de la naturaleza poder visitar este lugar. Las visitas tienen una duración máxima de un día pero es suficiente para poder recorrerla por completo, ya que su longitud es de algo más de 3 kilómetros.

Se llega a su minúsculo puerto a bordo de las embarcaciones que zarpan desde Sant Elm, o incluso desde Paguera en los meses de verano. Un largo camino recorre la Dragonera de un extremo a otro, desde el faro de Llebeig hasta el de Tramuntana, pasando por las ruinas de la vieja torre de defensa de la época de la conquista cristiana y el abandonado viejo faro, el de Na Pòpia, que se levantó en el punto más elevado de la isla, a unos 350 metros.

Con una espectacular riqueza de fauna y flora, un habitante de Dragonera destaca por encima del resto. Se trata de un endemismo, una bonita lagartija verde brillante de cola larga que nos encontramos por todas partes. Son animales inofensivos que están tan acostumbrados a la presencia humana que acuden a los pies de los visitantes a comerse las migas de los bocadillos. 

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