Botafoc, el faro guardián del puerto de Ibiza

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La llegada en barco al puerto de Ibiza es una de las más bonitas del Mediterráneo: ante nuestros ojos aparecen las velas de las embarcaciones amarradas en al marina, las murallas de Dalt Vila, la zona más antigua de la ciudad que se levanta sobre un promontorio, y la atenta mirada del faro del Botafoc o Botafoch

Este bello faro se levanta sobre un brazo de tierra (siglos atrás un islote) que cierra el puerto ibicenco por el este. Fue proyectado por Emili Pou en 1859 e inaugurado dos años más tarde. 

La ubicación no es nueva, pues ya en la Antigüedad ya se encendían aquí hogueras para orientar a los navegantes que se acercaban al puerto. Se cree que la idea fue de los fenicios, que tenían en la isla uno de sus principales emporios comerciales: Ebusus. De ahí su nombre: Botafoc, que deriva de la expresión catalana botar foc, es decir, encender fuego.

Este es uno de los pocos faros de España que, desde el primer momento, dispuso las viviendas de los torreros en dos plantas, debido a la escasez de espacio disponible para la construcción, y también uno de los primeros que adaptó su sistema de alumbrado para la electrificación, que se produjo en 1918.

Hoy Botafoc es el gran guardíán del puerto de Ibiza: el que contempla la llegada de los ferries que entran y salen del puerto hacia Palma, Denia, Barcelona, Valencia o Formentera, y el que guía a los pescadores, yates de recreo y barcos de carga que atracan en la isla. También es el que ilumina con sus destellos blancos (exactamente cada 20 segundos) las noches de los que pasean o cenan en las terrazas del puerto. 

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